Síntesis del diagnóstico

La alimentación saludable y el consumo responsable son sectores de la economía verde que contribuyen a producir bajas emisiones de carbono, usar los recursos eficientemente y ser socialmente incluyentes. Varios ob­jetivos de desarrollo sostenible se asocian a esta línea estratégica.

El Objetivo de Desarrollo Sostenible 12 alienta a regímenes de consumo y producción más sostenibles, a través de diversas medidas que incluyen po­líticas específicas y acuerdos internacionales sobre la gestión de materiales que son tóxicos para el medio ambiente.

El ODS3 aspira a garantizar la salud y el bienestar para todos, en cada eta­pa de la vida. El crecimiento y desarrollo sostenibles requieren minimizar los recursos naturales y materiales tóxicos utilizados, y la generación de dese­chos y contaminantes en todo el proceso de producción y consumo.

El ODS2 (Hambre cero) busca soluciones sostenibles para poner fin al ham­bre en todas sus formas para el año 2030 y alcanzar la seguridad alimentaria. La meta es asegurar que todos, en todas partes, tengan suficiente alimento de buena calidad para llevar una vida saludable. Lograr este objetivo reque­rirá un mejor acceso a los alimentos y la promoción amplia de la agricultura sostenible. Esto requiere, entre otras mejoras, el aumento de la inversión a través de la cooperación internacional para estimular la capacidad producti­va de la agricultura en países en desarrollo.

Siendo la defensa de las personas consumidoras y usuarias un principio rec­tor de la política social y económica en Extremadura es necesario adaptar el marco legal a los nuevos tiempos, influenciados por la crisis económica, el mercado único europeo, la globalización, la venta on-line, el consumo colaborativo y el consumo de proximidad. Formar y educar en el consumo responsable, sostenible, consciente y crítico contribuye a la construcción de un modelo de economía verde y economía circular en nuestra región, atendiendo no sólo a la relación precio/calidad, sino también a criterios de impacto ambiental, ecológicos, de proximidad… Cambiar los hábitos de consumo implica modificar decisiones simples sobre qué comemos, qué compramos o como invertimos nuestro dinero: esas decisiones influyen en la manera de hacer negocios, dirigir la economía, generar empleo, producir alimentos y proteger nuestro medio ambiente.

La proliferación de ofertas de otros territorios, los nuevos modelos de con­sumo que impulsa internet, la estacionalidad y la dificultad de diferenciación son factores contrarios al desarrollo de un consumo verde responsable. Sin embargo, Extremadura tiene una buena carta de presentación con el ecosistema de la dehesa, estimulada por la investigación especializada, el posicionamiento internacional de algunas empresas agroalimentarias, los incentivos financieros a la producción de calidad, el desarrollo de medidas legislativas, una valoración de la profesión de agricultor/a en ascenso y la experiencia acumulada por redes como la de Ciudades Saludables y Sos­tenibles, impulsada por la OMS en 1986 y puesta en marcha por la Junta de Extremadura desde 2002. En el consumo no sólo tienen importancia los de­rechos y la información y la formación de las personas que consumen, sino también las empresas, especialmente pymes que operan en el medio rural como agentes activos en la cadena de consumo, y las administraciones pú­blicas como compradoras y contratantes de bienes y servicios.

Objetivos operativos

  • Adecuar el marco legal del estatuto de las consumidoras y los consu­midores de Extremadura al nuevo modelo de desarrollo sostenible.
  • Promover una mayor toma de conciencia sobre la alimentación salu­dable y la salud, en comunidades locales, centros de trabajo, centros educativos y organizaciones sociales.
  • Impulsar el consumo de proximidad y el consumo inteligente en Extre­madura, a través de campañas y proyectos de información, formación e investigación.
  • Desarrollar alianzas en torno al ecosistema Extremadura Slow Food, a la Red de Ciudades Saludables y Sostenibles y a las redes de consumo colaborativo.
  • Facilitar y reconocer la consecución de objetivos de responsabilidad social y ambiental, tanto por empresas y entidades privadas como por administraciones públicas que compran y contratan.

 

Descripción de la propuesta

Los impactos ambientales asociados al modelo de producción y consumo vigente, la amenaza del cambio climático, la creciente presión sobre unos recursos naturales cada vez más escasos y los costes e impactos sociales asociados a éstos, conducen a la implantación de un marco de desarrollo basado en una economía circular e hipocarbónica. Por otro lado, las empre­sas y las entidades privadas han incorporado las preocupaciones sociales y ambientales en su gestión como parte de la estrategia de negocio median­te el desarrollo de políticas de responsabilidad social.

En este escenario, la Compra Verde y Socialmente Responsable es una he­rramienta muy importante para el logro de los objetivos sociales y ambien­tales pretendidos. Y no sólo particulares, puesto que el sector público es el mayor comprador y contratante de bienes y servicios; se calcula que el gas­to en compras públicas en la Unión Europea está en el 14% del PIB, mien­tras que en el Estado español alcanza la cifra del 18% del PIB. Este hecho convierte a las administraciones públicas en el principal agente económico, con un amplio impacto sobre el mercado, el medio ambiente y la sociedad. Por ello resulta esencial incorporar criterios de uso eficiente de energía, am­bientales y sociales en las compras y contrataciones públicas.

Por otra parte, el consumo colaborativo, la economía del bien común y la economía solidaria –en sus distintas formas– potencian un mayor consumo de servicios que de productos materiales y el aprovechamiento común de los bienes existentes.

Con el cambio de modelo económico sustentado en nuevas relaciones con el medio ambiente, la premisa básica es establecer una interacción de re­ciprocidad y de beneficio mutuo, de tal manera que la variable ambiental se introduzca en todos los procesos de producción, consumo y distribución de la región.

Movimientos como Slow Food comparten, también en Extremadura, los principios de la producción y los hábitos de consumo de alimentos desde una perspectiva ambiental sostenible, local y de salud, con productos de proximidad.

La corriente cultural slow promueve calmar la actividad humana y es exten­sible a la forma de vida, la alimentación, las relaciones interpersonales, el turismo y la producción. El concepto de consumo responsable implica el co­nocimiento de nuestros recursos naturales, nuestros alimentos de calidad, nuestras potencialidades como región bien conservada…

La orientación estratégica de la producción ecológica es por ello necesa­ria, abordando la formación específica, aprovechando ésta tanto para recu­perar y proteger recursos genéticos autóctonos como para experimentar cultivos innovadores compatibles con el medio ambiente, creando cultura de consumo de estos productos, fomentando la solidaridad intergenera­cional para la transferencia de buenas prácticas ambientales, facilitando la certificación de las explotaciones y simplificando los procedimientos para los operadores. La alimentación es un derecho y como tal debe ser consi­derada.

Así, garantizar la salud, una alimentación natural y alejada de las modifica­ciones genéticas y en equidad, la reducción de los desperdicios y residuos de alimentos por habitante, debe ser una obligación ética. Combatir la ex­clusión social justifica normas contra el derroche de alimentos y a favor de su donación para fines sociales, en línea con las medidas fomentadas por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura y por la Unión Europea.

Producir alimentos no sólo es abastecer los puestos de venta de productos, sino también dar acceso a los consumidores y las consumidoras a productos sanos, cabales y comerciales, como también lo es la seguridad alimentaria que se ofrece y el respeto a nuestro medio ambiente como medio vital. Los hábitos saludables y la promoción del desarrollo del Espacio Bio mediante un Plan estratégico de Innovación Sanitaria y de la cultura de la salud (enve­jecimiento y huella generacional, alimentación y salud y medicina preventi­va en atención primaria) contribuyen en Extremadura a la economía verde y también a la economía blanca: alimentos saludables, robótica asistencial, telemedicina, teleasistencia, aplicaciones para cuidados y asistencia en el hogar, envejecimiento y atención a pacientes crónicos.

Desde la perspectiva de quien consume, el derecho a una alimentación sa­ludable debe estar garantizado. Para el ejercicio de este derecho y del de­recho a la salud es preciso avanzar en la toma conciencia de la ciudadanía sobre ello, facilitando además a ésta la adopción de hábitos de consumo responsable, consciente, reflexivo, solidario, verde, inteligente y sostenible de los bienes y servicios.

La administración regional fomentará la contratación pública verde, sos­tenible e innovadora, según los criterios establecidos en la Unión Europea. Una Ley de Contratación Responsable y Sostenible contribuirá en Extrema­dura a que con los presupuestos públicos no haya empleo precario, no haya daños al medio ambiente y se apoye a las pymes.

La responsabilidad social y ambiental se ha de extender entre el sector pú­blico de manera ejemplarizante, pero también entre el sector privado, de modo que ambos contribuyan en Extremadura a un ecosistema alimentario y de consumo saludable, verde y colaborativo, en el que las comunidades locales se impliquen en la consecución de más comarcas y más ciudades más saludables y más sostenibles.

Agentes implicados

La Consejería de Sanidad y Políticas Sociales de la Junta de Extremadura, de la que depende el Instituto de Consumo de Extremadura (INCOEX), asume las competencias públicas en materia de alimentación y consumo. El Ins­tituto de Consumo de Extremadura y varias Mancomunidades de Munici­pios pusieron en marcha en 2006 el Consorcio Extremeño de Información al Consumidor, desde el que se crearon nuevas oficinas de consumo deno­minadas Centros Mancomunados de Consumo.

Las administraciones locales, las asociaciones de consumidores y los cen­tros de investigación y tecnológicos, así como redes de producción y co­mercialización, son fundamentales para la implicación de la ciudadanía extremeña en los ámbitos de la alimentación saludable y el consumo res­ponsable.

Algunos ejemplos de actuaciones concretas 2017-2020

  • “Extremadura Slow Food”, alianza para la configuración de un ecosiste­ma alimentario “slow” en Extremadura.
  • Programa “Consumo de frutas y hortalizas en las escuelas”.
  • Programa de impulso del consumo inteligente en Extremadura
  • Programa formativo sobre consumo responsable.
  • Impulso y desarrollo de la Red de Ciudades saludables y sostenibles.
  • Proyecto Operación Salud. Programa jóvenes agentes de salud y pro­grama iguales.
  • Proyecto Extremadura calidad de vida. Programa de impulso de la vida saludable y la economía de la salud.
  • Programas de formación sobre hábitos saludables y consumo respon­sable.
  • Plan de I+D+I en hábitos saludables.
  • Sello “Compromiso Verde”.
  • Creación del sello “Entorno seguro”.
  • Presentación de proyecto de redes de alerta tempranas en sistemas de vigilancia ambiental para apoyo a protección civil.
  • Formación y sensibilización escolar en alimentación responsable y sa­ludable.
  • Actividad de Educación para la Salud frente a la Obesidad Infantil y Ju­venil.
  • Elaboración y entrada en vigor de una “Ley sobre Promoción de Hábi­tos Saludables y frente a la Obesidad en Extremadura”.
  • Proyecto para promover y concienciar a la población extremeña sobre la alimentación saludable a través de Comunidades Locales del Ali­mento (INCOEX).
  • Programa de impulso del consumo inteligente y economía circular en Extremadura (INCOEX).
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